domingo, 25 de enero de 2015

Te querré mientras dure

<<Ella me dijo “te querré para siempre”, y yo le contesté “te querré mientras dure”. Se enfadó conmigo dos días, me dijo que no la quería. Ahora cada vez que la veo me dan ganas de recordarle que su “por siempre” sólo duró unos cuantos meses y que mi “mientras dure” fue mentira porque ya terminó y aún la sigo queriendo.>>

sábado, 2 de agosto de 2014

Momentos perfectos (VI)

Como en hora punta, la vía colapsó rápidamente.
Como al atardecer, el rojo bañó aquellos túneles.
Como en la madrugada, nadie en movimiento.
Como al amanecer, sólo el aire recorrió las calles.
Un infarto.

jueves, 31 de julio de 2014

¿La quisiste?

— ¿La quisiste?
— Estuve con ella ¡Claro que la quise!
— ¿Y después de que todo acabo, la seguiste queriendo?
— Aunque a veces me cueste aceptarlo, sí, la seguí queriendo…
— ¿Y porque no luchaste, porque no hiciste algo para volver con ella?
— ¿De qué me hubiera servido? Si yo sabía que a pesar de quererla lo nuestro ya no podía ser; si a veces intentamos e intentamos aun sabiendo que es inútil y llegamos a ese punto en el que nos damos cuenta de que ya fue suficiente.
Está de más decir que la amé, que lo que viví con ella fue hermoso, y que como se lo prometí más de una vez no la voy a olvidar nunca, y quizás ella hoy me odie, quizás todas sus amigas me odien porque piensan que fui un tonto, que al poco tiempo de dejarlo con ella andaba con otras chicas, que nunca la quise, y todas esas estupideces que dicen las personas, pero nadie sabe lo mal que yo lo pasé por ella.
Nadie tiene una idea de las sonrisas que me sacaba con el simple hecho de mandarme un mensaje, y puede ser que sí me haya equivocado, que algunas cosas las haya hecho mal, pero la quería, de verdad la quería. Y eso se lo puedo discutir al que sea, por un tiempo intenté fingir que no me importaba, que ella era libre de hacer su vida y yo la mía, por un tiempo creí haber superado todo lo vivido, hasta que la vi. La vi riendo con sus amigas, la vi feliz, y entendí que por más de que pase el tiempo nunca dejaré de quererla, nunca podré olvidarla completamente y hoy, que ya pasó un tiempo, que ya crecí bastante puedo decirte que la amé, que fui el hombre más estúpido del mundo por haberla perdido, que quizás tenía que haber luchado un poco más, pero las cosas fueron así, hay relaciones que no tienen salvación...
— ¿Crees que ella ahora este con alguien que realmente la merezca?
— No sé si la persona con la cual está la merece, ¿quién soy yo para decirte eso? La hice sufrir tantas veces que sería un idiota si opinara con respecto a su relación, pero a la persona con la cual hoy está, solo le pido que la cuide, que la ame, que la respete, que no la haga sufrir, que le saque tres sonrisas por cada lagrima que yo le saqué, y si ese hombre es capaz de hacer eso, si esa persona puede hacerla feliz y amarla la mitad de lo que la ame yo... Tiene todo mi respeto y de corazón y con lágrimas en los ojos puedo desearles lo mejor.

jueves, 26 de junio de 2014

Aquellos héroes

Incesantes silbidos se metían en lo más profundo de su oído alcanzando los miedos más oscuros de su mente mientras cerraba los ojos con fuerza e intentaba salir de aquel infierno pensando en su esposa y sus hijos, imaginando abrazarlos cuando llegase a casa de nuevo.

Se escurría en aquella esquelética barca metálica, apretando, casi estrangulando a su inseparable amigo, el único que podría abrirle paso si lo usaba de la forma correcta, su rifle. Compañeros gritaban a su alrededor en el caos más absoluto, vomitaban en las lanchas por el mareo que les provocaban las olas que mecían su transporte, lloraban como niños arrinconados como ratas sin escapatoria, maldecían a los cuatro vientos mientras otros rezaban…

Aquellos valientes hombres sometidos a la presión de la muerte por un paso en falso exponían la más triste cara de un ser humano, el miedo en su máxima expresión. Esos silbidos de las balas pasando a escasos centímetros de sus cabezas eran lo más parecido al sonido de la guadaña de aquella que viste de negro. En aquella playa paseaba su ensangrentada hoz clavándola en la arena con la misma facilidad que se había cobrado aquellos cuerpos inertes que allí yacían. La única duda que les asaltaba a cada uno de aquellos muchachos era si aquel día mirarían al ángel de la muerte a la cara o si podrían pasar inadvertidos a aquella caza que se cernía en aquel rojo amanecer.

viernes, 20 de junio de 2014

Placeres de la vida (VI)

  • Enamorarme de ti
  • Partir el caramelo de la crema catalana con la cucharilla
  • Escuchar un vinilo sobre un gramófono
  • Desnudarte lentamente
  • La arena de playa entre los dedos

miércoles, 18 de junio de 2014

¿Qué eres?

No eres la talla de tu sostén, ni eres la anchura de tu cintura.
No eres el color de tu cabello, el color de tu piel o el color de tu lápiz labial.
No te defines por la cantidad de atención que obtienes de los hombres o de las mujeres.
No eres la foto de perfil que tienes, ni los "me gusta" que puedes obtener.
No eres ese diminuto vestido rojo, ni la blusa que muestra tu ombligo.
No eres ese piercing, ni los tatuajes que puedas tener.

Eres las cosas con las que sonríes y las palabras que dices.
Eres los sentimientos y los pensamientos que tienes.
Eres hermosa no por la forma de tu cuerpo, sino por la calidad de persona que eres.

viernes, 30 de mayo de 2014

Cupidity - Kismet Diner

A veces tienes que escuchar con tu corazón.

Zoe trabaja en Kismet Diner y sueña con convertirse en cantante, pero por el momento no le molesta servir las mesas. Por supuesto que ayuda que todos en el restaurante la quieran; su jefe hasta compró un karaoke para que Zoe pudiera cantar a sus clientes.

Una noche de sábado, en medio de un improvisado concierto, Zoe descubre un cliente que nunca antes había visto y que luce totalmente desinteresado. Normalmente, esto no le importaría... pero él actúa como si ella no estuviera ahí. ¿Quién es él? ¿Por qué Zoe no puede dejar de mirarlo?

Cupidity. Disfruta el viaje... Amarás el final.

domingo, 18 de mayo de 2014

Momentos perfectos (V)

El pánico se apoderó de ella en aquellos últimos segundos. Inmóvil, presa de la situación y sin saber bien qué hacer en aquella pálida habitación donde se sentía tan observada. De repente notó como le atravesaban su cuerpo. Aulló de dolor hasta que sus fuerzas la abandonaban. Desapareció el dolor y dio paso al placentero silencio…todo ha terminado.

Dando a luz.

sábado, 17 de mayo de 2014

Te juzgo, sí, ¿Qué pasa?

Qué feo… ¿verdad?

Ir diciendo por ahí, que si este no es bueno, que el otro es más bien poco listo, que aquel es incómodo de ver… Está muy feo juzgar, eso nos lo dicen y nos lo han dicho de todas partes… incluso tenemos mandato bíblico.

Ahora, eso sí, no hay ningún problema es decir: ¡Qué buena persona es Fulanito! ¡Qué inteligente es Zutanita! o ¡Qué guapo es Menganito!
Bueno pues nada… Digo, sí, espera, voy a molestar un poquito.

¿Sabéis lo que es el agravio comparativo? Llego a mi clase y reparto caramelos a todos, menos a Fermín. No es mi obligación repartirlos, no le he hecho nada malo, pero le he “adjetivado por omisión”. Le he etiquetado como inferior o diferente.

Volvamos a lo nuestro.

¿Así que Fulanito es buena persona? ¿Por qué lo dices? ¿Es tan buena persona como cualquiera? ¿No es, por lo tanto, un rasgo distintivo? ¿Es como decir que Fulanito tiene un hígado?

O, por otra parte, ¿no será que dices que es buena persona porque eso lo distingue? ¿De quién o qué lo distingue? ¿De otras personas que juzgas menos buenas? ¿De la media? ¿Cómo has hecho esa media? ¿Con personas que son menos buenas personas que Fulanito?

Ponte como quieras… estás juzgando. Estás juzgando a Fulanito, y, NECESARIAMENTE, estás juzgando comparativamente al resto [...].

Fuente: Naukas

viernes, 9 de mayo de 2014

Si yo tuviera una empresa

 “Lo sentimos mucho, esta empresa trabaja por objetivos”, es lo que te dicen cuando tus horas extras no son más que algo implícito en tu trabajo, como una tarea más, tu deber. Leyes escritas a fuego en antiguas piedras que nunca han visto la luz. Nadie te va a dar las gracias por ese esfuerzo ¡porque es tu trabajo! Una bonita forma de camuflaje para decirte que reventarás trabajando más de 10 y 12 horas diarias, trabajarás los fines de semana, harás más tareas de las que pone en tu contrato, te estresarás y tu cuerpo lo sufrirá… harás tu trabajo y de ninguna boca saldrá un “gracias por el esfuerzo” o semejantes barbaries.

Firmaste aquel papel escrito con una letra no apta para miopes narrado en élfico, que seguramente ahora mismo romperías en mil pedazos y se lo estamparías en la cara a aquel personaje trajeado que al otro lado de la mesa te sonreía mientras otros están planeando cómo mover los hilos de la nueva marioneta que habían adquirido a un ridículo precio de oferta.

Firmaste aquel maldito papel que te condena a pasar más de un tercio del día encerrado en una oficina rodeado de imbéciles, a seguir órdenes con las que no estás de acuerdo, a cargarte de responsabilidades y soportar a esos jefes voceadores que no te piden que hagas tu trabajo sino que lo exigen con un puñetazo sobre la mesa, a terminar las tareas que tienen que estar para hoy, el Viernes de tu cumpleaños, porque ese personaje que precisamente hoy se va a su hora, no lo planificó con suficiente antelación…  y todo eso a cambio de un puñado de papelitos de colores y tamaños variados -y no me refiero al confeti- que han sabido convertir en necesarios para vivir encarcelado en esta tela de araña que llaman sociedad.

No te atrevas a rogar por un puñado más de esos místicos y poderosos papeles con inmenso parecido a los del Monopoly -que tienen tanto sentido como los de este- para poder pagar el gasto extra de una cada vez más asfixiante hipoteca o darte el lujo de poder alimentar a tu familia, porque afortunadamente estás trabajando, y hay millones de recursos –porque así se llaman en el Mundo Real™- que mañana podrían ocupar tu escritorio por menos de esa cantidad. Eso es lo que escupen en lenguas muertas con voz de ultratumba a la vez que un aura negra llena la sala y su figura se enaltece ante los incrédulos ojos de aquellos desafortunados que han osado enfrentarse a semejante espectáculo.

jueves, 24 de abril de 2014

Al llegar del trabajo

En un día cualquiera de un verano cualquiera, yo te esperaba en casa a que llegases de trabajar. Al oír la llave introduciéndose en la cerradura, me acerqué a la puerta y allí apareciste, con una camiseta de esas que a ti te gustan, de las de cuello tan ancho que resbalan sobre un hombro al descubierto, mostrando de forma sensual tu sostén, y dejando a la imaginación lo que no se ve. Una negra falda larga, que se insinúa transparente, ondea a tu alrededor por la corriente de aire que atraviesa la puerta, y a la vez traslada tu fresco y dulce perfume hasta mí. Te completa tu bolso, tu compañero inseparable fuera de casa y un pañuelo adornando tu perfecto cuello, que llama incesantemente a mi boca casi a gritos para que se acerque, como siempre… hay cosas que no se pueden cambiar.

En lo que parecieron unas décimas de segundo te cogí del brazo, cerré la puerta y te arrojé contra la pared dejando que tu bolso se perdiera por el camino. Te agarré con fuerza ambas manos, inmovilizándote con una, y con la otra te sujetaba del pelo con firmeza hasta estar detrás de ti, mientras apoyaba tu nuca sobre mi hombro sin soltarte. Noté que estabas asustada, mirándome de reojo con respiración temblorosa y casi tiritando, pidiéndome explicaciones sin si quiera poder articular palabra.

Antes de que pudieras reaccionar, apoyé ligeramente mi nariz contra tu oído y con susurros insinué lo que iba a pasar a continuación. Tu mirada y tu sonrisa picaresca acompañadas de algo que no se si fue un suspiro o un leve gemido me lo dijeron todo. Solté tu pelo y me llevé la mano a mi cinturón, a la vez que tus manos trataban de encontrar aquello que querías, pero aún no había acabado contigo. Tú ibas a ser mi juguete esa tarde.